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martes, 19 de abril de 2011

La carta de amor en el siglo 21


José Vidal

Para Ricardo Piglia la forma breve[1] es una composición literaria en busca de la frase justa, la idea precisa y la imagen clara. Por ejemplo,  la epifanía de Joyce, un texto que desconoce un sentido inmediato, que hace un movimiento de distancia y retraso en relación al sentido.
De un modo similar, podríamos pensar al mensaje de texto, el sms, y también el twit de twitter, de 140 caracteres, como una forma breve de las definidas por Piglia. Pero más aún, arriesgamos: una forma que toma  la carta de amor en la época del Otro que no existe[2].
No hace falta decir que ya  casi nadie envía cartas por correo, lo que es una pena.
Pero esas formas breves de escritura actuales buscan un texto que escapa, al menos por un instante, al sentido y atesora algo que está mucho más allá del propósito comunicacional de un mensaje.
 De manera privilegiada, el mensajito evidencia la idea de Lacan de que la comunicación como relación entre emisor a un receptor no existe, porque lo que viene a ese lugar es un movimiento entre el sentido y el goce que no busca la transmisión de significantes sino cierta manera de gozar y de compartir ese goce. No hay en ellos solamente el sentido sino de algo que permanece capturado en la letra y que justifica que los sms sean conservados, casi diría atesorados por la gente y releídos luego de ser enviados y luego de ser recibidos.
 Eso es algo observable, el sms es guardado como algo valioso, examinado, repasado en su sintaxis, en su ortografía e incluso en su tipografía, ya que no dará lo mismo si es mayúscula minúscula, si usa abreviación, o neologismos ya que cada uno de esos elementos es un signo pasible de ser interpretado.
Para muchos eliminar un sms de la memoria del teléfono representa un esfuerzo y el sujeto solo lo hará cuando ya está saturada, el mensaje se haya tornado obsoleto o cuando puede ser leído por otros.
El mensajito requiere de una atención en el detalle, en la precisión, y en la forma que no se cuida para nada en el lenguaje hablado, y mucho menos en el uso del teléfono.
Citaré dos ejemplos que surgen de las sesiones de análisis. Un hombre sale un sábado con sus amigos, se emborracha, luego de haberse divertido, estado con chicas, en fin, pasada cierta hora comienza a enviar sms . Pasado un punto comienza cierta cacería, que se produce con los mensajes de texto. Ocurre algo que es como el ingreso a una dimensión diferente a la del sentido “salir de caravana” porque, a partir de los mensajes de texto comienza un sentido oculto, no compartido con el grupo de los amigos, algo que es del orden de lo clandestino, y no por estar prohibido, sino porque escapa a los códigos comunes. Él mismo se siente diferente y experimenta cierta voluptuosidad de la que se arrepentirá al día siguiente por las consecuencias que le trae.
Una mujer, en circunstancias parecidas, recibe un mensajito a las cinco de la mañana, cuando ya está en su departamento, de un hombre que quiere pasar. La palabra escrita en el sms tiene todo su importancia, “paso” dice, que se torna en un nudo de significaciones, que deja al desnudo su posición respecto al hombre y la aclaración de él que no quiere mucho compromiso, “paso” quiere decir lo que dice, pero se ubica, como una epifanía, en el desconocimiento del sentido inmediato.
La respuesta a l mensajito debe ser pensada igualmente con mucho cuidado porque debe dar a entender un sí, pero no definitivo.
Se podría decir que estos ejemplos no son diferentes del todo a lo que puede ser un simple llamado telefónico, y es cierto, los recursos técnicos nunca han dejado de ser utilizados para la seducción, para el amor, para formas del lazo que no son las mismas que las de la comunicación directa.
Sin embargo creo, y pensando en las nuevas formas de lo simbólico del siglo 21 y las consecuencias que esto tiene para la cura que podríamos pensar  el mensajito de texto como la forma actual de la carta de amor.
La carta de amor, destaca Lacan[3], tiene una función. Es evidente que la carta no tiene la misma función que la comunicación verbal. Es un objeto coleccionable, es releíble, puede ser casi diría estudiado y ser objeto de investigación. Si a las palabras se las lleva el viento, a la carta de amor no, ella tiene une fijeza, una posibilidad de análisis y de retener goce., Y podemos hacer cierta hipérbole afirmando que toda carta es una carta de amor.
Tomaremos también la expresión de Lacan de que las cartas llegan siempre a destino[4], no porque no puedan extraviarse en el camino alguna vez, sino porque la carta siempre, si aceptamos que el sentido se alcanza solamente a la vuelta el encuentro con el otro y en forma invertida, tiene por destinatario a quien la escribe, o siendo más precisos, al gran Otro que no existe sino que es una función del propio sujeto- De modo tal que la carta de amor, como el diario íntimo y otras formas de uso de la letra siempre recuperan el goce que el sujeto encuentra en su intento de alcanzar el sentido pasando por el otro en forma retroactiva[5].
No sabemos cómo evolucionarán estas cosas en el futuro inmediato, ya que apenas si nos hemos acostumbrado al uso del e-mail y ya parece tener cierta obsolescencia, y seguramente lo mismo ocurrirá con estas formas que examinamos acá, pero no nos queda duda que hoy el sms tiene mucho más éxito que Skype y que otras formas audiovisuales, como twittcom donde predomina la imagen.
Y nos hemos preguntado porqué ese privilegio del uso de la letra en un mundo donde la imagen supuestamente se impondría por sobre el significante, donde lo imaginario tendría una pregnancia mucho mayor que lo simbólico en las relaciones sociales y donde se supone que la lectura dejaría definitivamente su lugar a las pantallas con imágenes inmediatas para olvidar el estatuto simbólico del ser humano- Y sin embargo la carta de amor sobrevevive en el mensaje de texto.
Algunas de sus características fueron anunciadas por Italo Calvino en  sus “Seis propuestas para el próximo milenio”[6], levedad, rapidez, exactitud, multiplicidad, visibilidad…
Propuestas que los analistas deberíamos tener muy en cuenta a la hora de pensar la función del psicoanálisis en el siglo 21.
Miller se detiene en la carta de amor de Lacan para decir que se trata del signo de amor[7]. Y en este sentido tenemos la impresión que el sms supera las formas audiovisuales en que se dirige a un real impidiendo el carácter de simulacro que la imagen impone.
El video, por realista que sea, skype o de messenger, no es lo mismo que la presencia física. Falta el aura, diría W. Benjamin[8]. Un psicoanalista no podría analizar via skype,  como no lo puede hacer por teléfono, porque esas formas son impuras, no implican el cuerpo en su presencia real indispensable para la dinámica del goce.
Hagamos una hipótesis: este carácter de signo de amor del sms es un guiño que el ser humano ha encontrado para la supervivencia del orden simbólico en el siglo 21.
No podemos dejar de mencionar la importancia que toman estos signos que viajan de celular a celular en medio oriente y en África del Norte. Allí parece que los sms son la causa y el medio de un rizoma de revueltas que ponen fin a las monarquías medievales que venían sosteniéndose desde hace centurias. Como si las tecnologías del capitalismo globalizado, Internet sobre todo, pero  particularmente las formas de comunicación de uso personal como el teléfono móvil y el sms tuvieran la capacidad de interpelar al sujeto contemporáneo en su posibilidad de hacerse responsable de una enunciación, luego de lo cual, el Otro no existe.
Piglia, en “El último lector” [9]nos habla de la seducción de la letra, citando a Kafka.  “¿Será cierto que uno puede atraer a una muchacha con la escritura?” se pregunta Kafka. Pero algo que destaca Piglia es que no se trata solo de la seducción que puede encontrarse en la escritura sino que es una forma que permite que el lector, como todo lector, esté presente en su ausencia.
Presente en la ausencia. Es algo que también destaca Miller, lo primero que es necesario decir en la carta de amor, es el “no estás”.  Si estoy escribiendo una carta es porque no estás.
Las célebres cartas de Kafka a Felice Bauer, casi trescientas en un año, tienen un destinatario concreto: alguien (que al principio es casi un desconocido) espera las cartas, alguien soporta, y esta palabra es fundamental, alguien soporta las consecuencias, se trata de personas que no se ven, o que rara vez lo hacen, y que sobre todo se escriben. La seducción y la lectura tienen una relación. Los amantes se encuentran en el texto que leen.
Esta correspondencia es algo que se da a leer para seducir, pero no solo para eso, tiene también la función de mantener a distancia al Otro.
 Este es un punto fundamental de lo que acá queremos rescatar respecto a la estrategia del sujeto en el siglo 21, no se trata solo de seducción sino que implica, a la vez que enlazar al otro, mantenerlo a distancia. Con lo cual nos parece encontrar allí una suerte de defensa.
La demanda de amor destaca Miller es “demanda incondicional de la presencia y de la ausencia”, como dice Lacan en “La dirección de la cura…”
¿Por qué demanda “de la ausencia”? La presencia es el puro llamamiento a que el Otro esté y dé signos de su presencia; que al menos diga que está, que dé signos de su existencia; que responda, pues, al llamamiento, o que llame para decir simplemente: “Aquí estoy”. Ahora bien, que el Otro diga “Aquí estoy” por cierto sólo tiene su valor extremo, vital, si no está[10].
Por eso la función eminente de la carta en el amor ya que, en general, solo se envía una carta a alguien que precisamente no está. La ausencia del Otro, dice Miller, es también la mía, y toda carta de amor dice: “Tú no estás aquí” y, en tu ausencia de mí y en mi ausencia de ti, estamos juntos, estás conmigo.
Entonces, la prevalencia de estos medios actuales, como el sms, el chat, el e-mail, tal vez se deba a que permiten mantener algo de esa ausencia y esa distancia en una época en la que, como en una suerte de institución total[11], somos empujados a una transparencia del cuerpo y a la omnipresencia de la voz y la mirada. El sujeto encuentra así una manera de mantener una distancia con el Otro y permitirle existir como tal, es decir, como ser amable.




[1] Piglia, Ricardo. Formas Breves. Anagrama, Barcelona, 2000
[2] Miller, Jacques Alain. El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidos
[3] Lacan, Jacques. El Seminario 20, Aún. Paidós
[4] Lacan, Jacques. Seminario sobre la carta robada. Escritos 1
[5] Lacan, Jacques; Escritos 2. Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente. Siglo XXI
[6] Calvino, Italo. Seis propuestas para el próximo milenio. Siruela. Madrid. 1998
[8] Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. http://diegolevis.com.ar/secciones/Infoteca/benjamin.pdf
[9] Piglia, Ricardo. El último lector. Anagrama, Bs. As., 2008
[10] Miller, ibm
[11] Goffman, Erving. Internados, Sobre las características de las instituciones totales. Amorrortu Editores

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